Espacio para la reflexión y discusión sobre la situación
de las personas de habla hispana, privadas de libertad en Francia.

martes 8 de mayo de 2007

La vida en una prisión francesa 2

Antes de cumplir con las prometidas respuestas a las preguntas comentadas recientemente, debo hacer un par de aclaraciones.

En primer lugar, respecto de la frecuencia con la que escribo en este blog. Dado que recibo una gran cantidad de correos de detenidos latinoamericanos, así como de sus familiares, y todos contienen diversas peticiones relacionadas con problemas importantes por resolver, sobre la vida en prisión, ello hace que tenga muy poco tiempo para escribir. Particularmente en las dos últimas semanas, he estado resolviendo diferentes problemas de ocho detenidos venezolanos, uno de República Dominicana, y uno que viene de España.

En segundo lugar, en relación con la cantidad de referencias que hago a Venezuela en este blog. Aparte del hecho de que soy de este país, es importante saber que Venezuela es, actualmente, el país de América Latina con el mayor número de detenidos en Francia.

Vayamos entonces a las respuestas prometidas, las cuales pasarán a formar parte de la guía de atención a los familiares.

Sobre la alimentación en la prisión
En las celdas no existen cocinas propias. La alimentación de todos los detenidos se elabora en una cocina central, la cual sirve de fuente de empleo para los mismos detenidos. Las comidas se elaboran y se reparten en las celdas, directamente, por lo que tampoco existen comedores.

Envíos de los familiares
No es recomendable enviar alimentos a la prision, porque al ser revisados, la mayoría de ellos sufren un gran deterioro. Sin embargo, como ya está explicado en la Guía, se pueden adquirir productos en la cantina, desde galletas, atún en latas, cigarrillos, jabones, hasta zapatos. Una queja general es la de que los precios de estos productos, en la mayoría de los casos, exceden el precio que los mismos tienen en el exterior de la prisión, y varían mucho de una prisión a otra.
En cuanto a la ropa, existen muchos problemas. En invierno, en particular, los detenidos supuestamente reciben ropa apropiada. Sin embargo, he visitado a muchos de ellos que se quejan de la falta de abrigos, y los mismos solo reciben ayuda de otros compañeros de celda. Las prisiones no aceptan el envío de zapatos.

Las salidas al patio, o la promenade
Promenade (se pronuncia sin la “e” final), paseo o caminata, es la palabra que aprenden más rápidamente las personas privadas de libertad, apenas entran en prisión. Esos escasos minutos en los que salen a un patio al aire libre y disfrutan, con suerte, de unos rayos de sol, bastante escasos por estas latitudes.

Durante estas horas de paseo, si el clima lo permite, siempre aparece una pelota. Pero como por lo general hace mucho frío, llueve, o hace mucho calor, los detenidos pasan su hora de promenade conversando entre ellos. Existen grupos de deporte, lógicamente. Pero el acceso es limitado para los latinoamericanos, por causa del idioma. Sin embargo, no hay ni promenade al aire libre, ni deporte, para los homosexuales o transexuales.

Motines y lucha de poder
Por lo general, las noticias que llegan de las prisiones solo pasan a los periódicos cuando se trata de fugas, violaciones de derechos humanos o problemas administrativos. En cuanto a la lucha de poder, donde esté el ser humano siempre habrá lucha por el mismo.

Sin llegar a hacer una alabanza del sistema penitenciario francés, el cual se encuentra de último en la evaluación europea de prisiones, según la Comisión de Derechos del Hombre del Consejo Europeo (ver Paradojas en 9 metros cuadrados), desde nuestro punto de vista, la seguridad y la vida de la persona privada de libertad, tiene un nivel superior al que estamos acostumbrados a ver en América Latina.

Hace dos años, un detenido venezolano que llevaba tres escasas semanas en la Maison d’Arrêt de Villepinte me comentó, durante mi primera visita, que se sentía en esa prisión “como en un colegio de curas”. Algún tiempo después comenzó a sentir el verdadero peso del encierro, y ya no opinaba lo mismo... Sin embargo comprendí, en esencia, su punto de vista. Por lo general, las personas latinoamericanas privadas de libertad, en Francia, no tienen antecedentes judiciales. Pero, como todo el mundo, conocen los horrores de nuestras prisiones, y por lo tanto, solo saber que en principio no deben temer por sus vidas, es como sentirse unicamente bajo la restricción de un colegio de curas.

En Francia, el alto índice de suicidios en prisión es verdaderamente un problema grave, que por el momento, no afecta a nuestra población latinoamericana. Otro día hablaré sobre este tema.

En cuanto a las visitas
Normalmente, ocurren dos veces a la semana, incluyendo el sábado.

Las revisiones por las que pasan las familias son las mismas por las que pasamos los visitadores, los abogados, o el personal de la prisión. Una máquina escanea las carteras y otros objetos personales como los abrigos, y muchas veces los zapatos, que pueden llevar algún metal que dispara la alarma del escáner corporal.

Cualquier diferencia en el trato de las personas que entran en prisión, es simplemente un acto de discriminación, absolutamente inadmisible en este país.

La semana próxima escribiré sobre el procedimiento de revisión de la vagina, en la cárcel venezolana de Los Teques. No existen palabras para calificar tamaña violación de los derechos humanos, en la prisión que ofrece las mejores condiciones de encarcelamiento, en ese país.