Espacio para la reflexión y discusión,
acerca de la situación de las personas,
de habla hispana, privadas de libertad en Francia.

martes 30 de enero de 2007

El Proyecto Primavera

Es un proyecto, en estos momentos en fase de utopia, destinado a la reintegración social de personas latinoamericanas, privadas de libertad en Francia.

Ninguna de las actividades planteadas en el proyecto podrán ser puestas en marcha, mientras los consulados latinoamericanos, en Francia, no presten la atención debida a sus nacionales, privados de libertad. Este blog es un espacio de reflexión y discusión sobre el incumplimiento de esas obligaciones, garantizadas por la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, por parte de una gran mayoría de países latinoamericanos.

Como venezolana y Visitadora de Prisiones en Francia, deseo exponer este tema, que a mi parecer es de interés público. Sin embargo, hasta el momento, lo vivo en completa soledad, como drama personal: en el buzón de correos de mi hogar, recibo diariamente una gran cantidad de correspondencias de detenidos, con solicitudes de ayuda. La mayoría de esas cartas habrían servido de inspiración a Víctor Hugo, para escribir una versión moderna de Los Miserables.

La ayuda solicitada por estas personas es una básica, elemental. Tan básica y tan elemental, que se resume en lo siguiente: informarles a los familiares, en sus países de origen, sobre su detención y facilitar las comunicaciones con aquellos; solicitar información sobre el proceso que enfrentan y mantener contacto con su defensor. Por último, asegurarles la gestión de los documentos que permitirán su posterior liberación condicional. En fin, toda la atención prevista en la mencionada Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, desde 1963.

En esta bitácora también publico parte de mi trabajo de atención a los familiares y a las personas privadas de libertad, en Francia, producto de mi experiencia de campo en las prisiones francesas. El material llamado GUIA DE ATENCION A LOS FAMILIARES, es una parte de lo que en un momento dado planteé publicar en Venezuela, como un Manual de atención para personas privadas de libertad en el exterior, guía de ayuda para el personal del servicio exterior.

Allí se encuentran una serie de datos específicos sobre la vida en las prisiones francesas, las comunicaciones, direcciones de prisiones, o los documentos que deben facilitar los familiares para la obtención de la libertad condicional. Aunque la guía va dirigida a los familiares y amigos de las personas privadas de libertad, su lectura y evaluación por parte de variados lectores enriquecerá seguramente mi trabajo. En fin: su opinión sobre todos los temas aquí planteados, incluyendo la ayuda específica, será de gran valor para mejorar la asistencia.

Mi compromiso es el de ir ampliando la información y la atención, en la medida de mis posibilidades, teniendo en cuenta que desde hace mucho tiempo estoy sola en esta cruzada, y que cuento con recursos muy limitados para hacer mi trabajo, el cual desarrollo en forma completamente voluntaria.

Claro está, de aquí en adelante espero contar al menos con la ayuda y el apoyo de mis futuros lectores. A ver si un día el Proyecto Primavera sale de su fase de utopía, para entrar en la realidad, en beneficio de una verdadera reintegración social de las personas privadas de libertad.

Privado de libertad en el exterior

Cuando una persona es privada de libertad, en un país ajeno al suyo, se inicia un proceso similar en todos los casos. A solicitud del detenido, la prisión comunicará la detención al Consulado del país de origen del ciudadano o ciudadana, a fin de que un funcionario visite a la persona privada de libertad. Esto permitirá que el Consulado se encargue de la debida orientación sobre la situación legal, informe a sus familiares sobre su paradero y lo asista para obtener los documentos que posteriormente serán necesarios para solicitar la libertad condicional.

Una vez que el detenido recibe la visita del Consulado, espera el fin de las investigaciones y el posterior cierre de su caso. Después pasa a juicio, y permanece en detención. En el caso de Francia, la persona continuará en prisión hasta cumplir la mitad de su condena, momento en el cual, con la asistencia de su Consulado, solicitará la libertad condicional que le permitirá regresar a su país.

Sin embargo, hablemos de la realidad: la persona detenida, originaria de algunos países latinoamericanos, solicitará la visita de su Consulado, pero no recibirá ni siquiera una respuesta, y prácticamente ninguna clase de ayuda. Excepción hecha de unos dos o tres Consulados latinoamericanos que realizan un excelente trabajo de atención a sus nacionales privados de libertad, el resto de ellos no cumple con sus obligaciones, no obstante que el apartado “c” del artículo 36 de la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, asegura el derecho de atención de todos los consulados, hacia sus nacionales detenidos:

c) los funcionarios consulares tendrán derecho a visitar al nacional del Estado que envía que se halle arrestado, detenido o en prisión preventiva, a conversar con él y a organizar su defensa ante los tribunales. Así mismo, tendrán derecho a visitar a todo nacional del Estado que envía que, en su circunscripción, se halle arrestado, detenido o preso en cumplimiento de una sentencia.

Está claro que esta Convención simplemente habla del “derecho” que tienen los funcionarios consulares a visitar al detenido: no dice que es su obligación. No obstante, es obvio que la razón de la existencia de los Consulados, es precisamente la de atender a los ciudadanos suyos en países extranjeros. Por lo tanto, es innegable que este es un problema de derechos humanos, que atañe a los respectivos Consulados de quienes se hallan privados de libertad en un país extranjero.

Cuando comencé mi labor como Visitadora de Prisiones, empecé a recibir un sin fin de correos de detenidos de nacionalidades varias, solicitándome, principalmente, establecer contacto con sus familiares.

Las noticias vuelan rápido en las prisiones, y como la barrera del idioma obliga a estas personas a permanecer en completa desconexión con la realidad que viven en ese momento, una visitadora bilingue y con disposición para ayudar, yo misma, no pasó desapercibida. A todos ayudé en su oportunidad, y a muchos ayudo actualmente. Con la mayoría de ellos mantengo contacto por correspondencia, hasta el momento de su liberación, sin siquiera conocer los rostros de Los Olvidados.

En una oportunidad realicé una visita a varios consulados latinoamericanos en Francia, para obtener información sobre la falta de atención a sus nacionales, ¡y todos argumentaron falta de recursos! Desde entonces, más de una vez he tenido que escuchar esa respuesta lamentable, ¡como si un Estado pudiera decidir a cuáles nacionales atender y a cuáles no!

A petición de los detenidos, en diversas oportunidades he tenido que llamar a algún Consulado latinoamericano en Francia, de manera insistente, para que un Cónsul se traslade a visitar a un compatriota suyo a la prisión, el cual, por ejemplo, hace un mes que se había cumplido su fecha de excarcelación, pero que todavía continuaba en prisión. Esta situación que se vive en Francia, no es un caso aislado. Por el contrario, tengo conocimiento pleno de que se repite en toda Europa y en el resto del mundo.

¿A quién corresponde poner fin a esta injusticia? Evidentemente, las personas privadas de libertad no pueden desplazarse a sus respectivos Consulados para exigir sus derechos, como lo que son: un ciudadano o una ciudadana más de su país.

Es por ello que hago pública esta situación, con la firme esperanza de conseguir aliados entre los posibles lectores y lectoras. Para conciliar el sueño, un día cercano, sin que el horror de las historias que me llegan por correo, continúen golpeando mi conciencia solitaria.